A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (9)
(Tomado del Libro de FE CATÓLICA, “IGLESIAS Y SECTAS”)
CONTINÚA: (Sobre los dogmas)
Cada vez que la Iglesia define un nuevo dogma, no revela una nueva verdad. Lo que hace es declarar de fe una verdad, que a su tiempo fue revelada de una u otra forma, pero de cuya revelación no constaba auténticamente. Aquella verdad había sido ya incluida en lo revelado por Dios. Quedó incluida más o menos claramente en la Sagrada Escritura o en la Tradición Apostólica. Pero la Iglesia no había visto necesaria su aclaración, por no haber llegado a pleno conocimiento o maduración en la propia conciencia eclesial. Al definirla, pues, la Iglesia como dogma de fe, no hace sino dar la resolución definitiva sobre su existencia.
4. Los escándalos y la santidad en la iglesia.
Lo que hace buena o mala una sociedad son los principios. Si éstos son buenos, la sociedad es buena, aunque muchos de sus individuos sean malos; pero si los principios son malos, la sociedad es mala, aunque algunos de sus individuos sean buenos. Ahora bien: los principios católicos son los más adecuados para conducir los hombres a la virtud y santidad. Para convencerse de ello basta hojear el Catecismo que la iglesia pone en manos de los niños.
La Iglesia Católica es santa. Así inicia este tema el Concilio Vaticano II en la Constitución «Luz de las Naciones»: La Iglesia... creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios... amó a la iglesia como a su esposa, entregándose a Sí mismo por ella para santificarla, la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios». (LG 39)
Y aunque hasta en sus miembros más elevados no brille a veces la santidad —en el mismo Colegio Apostólico hubo un Judas—, ellos no obstante la transmiten, especialmente a través de los Sacramentos; que son acciones del propio Cristo, según aquello de San Agustín: «Pedro bautiza, Cristo bautiza. Judas bautiza, Cristo bautiza».
La Iglesia, pues, es santa porque tiene y transmite incesantemente la santidad y porque siempre muchos de sus miembros la han practicado, hasta heroicamente, a imitación de Jesucristo. Así nos lo dice claramente San Pablo: “... Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo...” (Rom 8,29).
SEGUIRÁ.- M.S.G. – 14-2-26.