Beata Verónica de Binasco, santa en la sencillez-el 13 de enero.
diócesistv fecha: 13 de enero
n.: c. 1445 - †: 1497 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León X 1517
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Milán, de Lombardía, beata Verónica Negroni de Binasco, virgen, que entró en el monasterio de Santa Marta, donde se seguía la Regla de san Agustín, y allí se, dedicó profundamente a la contemplación.
Todos los estados de vida ofrecen abundantes medios de santificación; lo único que nos impide aprovecharlos es nuestra negligencia y nuestra tibieza. La beata Verónica no podía gloriarse ni de su nacimiento, ni de su fortuna. Sus padres mantenían el hogar a fuerza de duro trabajo, en un pueblecito cercano a Milán. El padre de Verónica era tan honrado, que jamás vendió caballo ni animal alguno, sin poner en antecedentes al comprador tanto de las cualidades, como de los defectos de la bestia. Su pobreza le impidió mandar a su hija …More
Beata Verónica de Binasco Negroni, virgen - el 13 de enero
fecha de inscripción en el santoral: 13 de enero
n.: c. 1445 - †: 1497 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León X 1517
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Milán, de Lombardía, beata Verónica Negroni de Binasco, virgen, que entró en el monasterio de Santa Marta, donde se seguía la Regla de san Agustín, y allí se, dedicó profundamente a la contemplación.
Todos los estados de vida ofrecen abundantes medios de santificación; lo único que nos impide aprovecharlos es nuestra negligencia y nuestra tibieza. La beata Verónica no podía gloriarse ni de su nacimiento, ni de su fortuna. Sus padres mantenían el hogar a fuerza de duro trabajo, en un pueblecito cercano a Milán. El padre de Verónica era tan honrado, que jamás vendió caballo ni animal alguno, sin poner en antecedentes al comprador tanto de las cualidades, como de los defectos de la bestia. Su pobreza le impidió mandar a su hija a la escuela, de suerte que Verónica no aprendió nunca a leer; pero el ejemplo y los consejos de sus padres hicieron crecer el amor de Dios en su corazón, y los misterios cristianos nutrieron su piedad. La beata era muy laboriosa y tan obediente, humilde y sumisa, que parecía no tener voluntad propia. En los trabajos de la cosecha y en las otras labores campestres, procuraba mantenerse a cierta distancia de sus compañeras para poder entregarse con mayor libertad a la contemplación. Sus compañeras se admiraban de que gustara tanto de la soledad. Con frecuencia la encontraban bañada en lágrimas, aunque Verónica ocultaba con tal celo lo que pasaba entre ella y Dios, que nunca supieron que la causa de su llanto era la devoción.
Verónica concibió el deseo de hacerse religiosa en el pobre y austero convento de Santa Marta de Milán, en la orden de San Agustín. A fin de llenar las condiciones requeridas, empezó a aprender a leer y escribir, durante la noche. En una ocasión en que se sentía desalentada al ver los pocos progresos que hacía, la Madre de Dios le mandó desechar toda ansiedad, puesto que sólo tres lecciones le bastaban para ser buena religiosa: la pureza de los afectos, que consistía en poner todo su corazón en Dios; la de no murmurar, ni impacientarse por los defectos y pecados de los otros, sino soportarlos con paciencia y pedir a Dios por los culpables; por último, la de reservar algún tiempo cada día para meditar la Pasión de Cristo. Después de tres años de preparación, Verónica tomó el hábito religioso en el convento de Santa Marta. Su vida en él fue una encarnación de las reglas, que consistían en la práctica de la perfección evangélica reducida a ciertos ejercicios piadosos. Verónica se esforzaba por cumplir las reglas hasta en los menores detalles, y por ser perfectamente obediente a la menor indicación de la voluntad de su superiora.
Durante tres años sufrió de reumatismo agudo, pero jamás pidió que le redujesen el trabajo, ni que usasen con ella de indulgencia. Cuando sus superiores le ofrecían algún alivio, respondía siempre: «Mi deber es trabajar mientras pueda y Dios me dé tiempo para ello». Su mayor placer era ayudar y servir a los demás. Su silencio era una señal del recogimiento y constante oración en que vivía, de los que su don de lágrimas era una manifestación exterior. La beata hablaba siempre de su vida pecadora, como ella la llamaba, con gran congoja; pero en realidad había llevado siempre un vida de inocencia. Dios favoreció a la beata con extraordinarias visiones y consolaciones. Se conserva todavía un relato sobre los principales incidentes de la vida del Señor, tal como ella los vio en sus éxtasis. Sus oraciones ablandaron y convirtieron a muchos pecadores empedernidos. Verónica murió a la hora que ella misma había predicho, en 1497, a los cincuenta y dos años de edad. El Papa León X, en 1517, permitió que fuera honrada en su convento, como si hubiese sido beatificada en la forma usual.
Ver la biografía escrita por el P. Isidoro de Isolanis, en Acta Sanctorum, 13 de enero. Dicha biografía contiene un relato relativamente completo de las revelaciones de la beata; el P. Bolando previene a los lectores que deben tomarse con cautela esas revelaciones, ya que contienen muchas afirmaciones extravagantes. En Acta Sanctorum se encuentra también la bula de León X. Cf. Moiraghi, La B. Veronica de Binasco (1897).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
San Hilario de Poitiers, obispo y doctor de la Iglesia (5 coms.) - Memoria litúrgica
San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia, que fue elevado a la sede de Poitiers, en Aquitania, en tiempo del emperador Constancio, el cual había abrazado la herejía arriana. Luchó denodadamente en favor de la fe nicena acerca de la Trinidad y de la divinidad de Cristo, y fue desterrado por esta razón a Frigia durante cuatro años. Compuso los celebérrimos comentarios a los Salmos y al evangelio de san Mateo. († 367)
Santos Hermilio y Estratonico, mártires
En Singidón, en Mesia, santos mártires Hermilio y Estratonico, que, después de crueles tormentos, fueron precipitados en el río Ister, en tiempo del emperador Licinio. († c. 314)
San Agricio de Tréveris, obispo (1 coms.)
En Tréveris, ciudad de la Galia Bélgica, san Agricio, obispo, que transformó en iglesia el palacio que le regaló santa Elena. († c. 330)
San Remigio de Reims, obispo
En la ciudad de Reims, también en la Galia Bélgica, muerte de san Remigio, obispo, que, después de haber iniciado al rey Clodoveo en la fuente bautismal y en los sacramentos de la fe, convirtió al cristianismo a todo el pueblo franco. Al cabo de más de sesenta años en el episcopado, falleció, célebre por su vida repleta de santidad. († c. 530)
* San Kentigerno de Glasgow, abad y obispo
En Glasgow, en Escocia, san Kentigerno, obispo y abad, que estableció en aquel lugar su sede, y de quien se cuenta que reunió una gran comunidad de monjes, para imitar la vida de la primitiva Iglesia. († 603 o 612)
San Pedro de Capitolias, presbítero y mártir
En la ciudad de Capitolias, en Batanea, san Pedro, presbítero y mártir, que acusado ante Walid, príncipe de los sarracenos, de predicar en público la fe en Cristo, consumó su martirio clavado en una cruz, después de que le amputasen la lengua, las manos y los pies. († 713)
Santos Gumersindo y Servideo, mártires
En Córdoba, ciudad de la región hispánica de Andalucía, santos mártires Gumersindo, presbítero, y Servideo, monje, los cuales, reconociéndose como cristianos ante los príncipes y jueces sarracenos, perdieron la vida por su fe en Cristo. († 852)
Beato Godofredo, religioso
En el monasterio de Ilbenstad, en Alemania, beato Godofredo, que, siendo conde de Cappenberg, deseó llevar una vida más perfecta, para lo cual convirtió su castillo en monasterio y, habiendo tomado el hábito canonical, se entregó a servir a pobres y enfermos. († 1127)
* Santa Juta o Iveta, reclusa
Cerca de Huy, en la región de Lieja, en Bélgica, santa Juta o Iveta, la cual, habiendo quedado viuda, se dedicó a curar leprosos, y se recluyó más tarde en una celda cercana a ellos. († 1228)
Beata Verónica de Binasco Negroni, virgen (1 coms.)
En Milán, de Lombardía, beata Verónica Negroni de Binasco, virgen, que entró en el monasterio de Santa Marta, donde se seguía la Regla de san Agustín, y allí se, dedicó profundamente a la contemplación. († 1497)
Santos Domingo Pham Trong Kham, Lucas Thin y José Pham Trong Tá, mártires
En la ciudad de Nam Dinh, en Tonkin, santos mártires Domingo Pham Trong (An) Kham, Lucas (Cai) Thin, su hijo, y José Pham Trong (Cai) Ta, todos los cuales, en tiempo del emperador Tu Duc, prefirieron los tormentos y la muerte antes que pisotear la Cruz. († 1859)
Beato Francisco María Greco, presbítero y fundador
En Acri, Provincia de Cosenza, Italia, beato Francisco María Greco, presbítero, fundador del Instituto de las Pequeñas Obreras de los Sagrados Corazones. († 1931)
Beata María Francisca Espejo y Martos, religiosa mártir
En Las Casillas de Martos, Provincia de Jaén, España, beata Francisca de la Encarnación (María Francisca Espejo y Martos), hermana de la Orden de la Santísima Trinidad y mártir, que mereció las bodas eternas con Cristo, su Esposo. († 1937)
Beata Francisca Inés de la Antigua Valverde González, religiosa mártir
En Las Casillas de Martos, Provincia de Jaén, España, beata Victoria (Francisca Inés de la Antigua Valverde González), religiosa superiora del Pio Instituto Calasanziano Hijas de la Divina Pastora, y mártir, en la persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1937)
Beato Emilio Szramek, presbítero y mártir
En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, beato Emilio Szramek, presbítero y mártir, que, oriundo de Polonia, en tiempo de guerra, fue deportado a este lugar por defender la fe en Cristo, y allí falleció después de haber sido atormentado de diversas maneras. († 1942)
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Sábado de la primera semana del tiempo ordinario
Primer Libro de Samuel 9,1-4.17-19.10,1a.
Había un hombre de Benjamín llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afiaj, hijo de un benjaminita. El hombre estaba en muy buena posición,
y tenía un hijo llamado Saúl, que era joven y apuesto. No había entre los israelitas otro más apuesto que él; de los hombros para arriba, sobresalía por encima de todos los demás.
Una vez, se le extraviaron las asnas a Quis, el padre de Saúl. Quis dijo entonces a su hijo Saúl: "Lleva contigo a uno de los servidores y ve a buscar las asnas".
Ellos recorrieron las montaña de Efraím y atravesaron la región de Salisá, sin encontrar nada. Cruzaron por la región de Saalém, pero no estaban allí. Recorrieron el territorio de Benjamín, y tampoco las hallaron.
Cuando Samuel divisó a Saúl, el Señor le advirtió: "Este es el hombre de quien te dije que regirá a mi pueblo".
Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta de la ciudad, y le dijo: "Por favor, indícame dónde está la casa del vidente".
"El vidente soy yo, respondió Samuel a Saúl; sube delante de mí al lugar alto. Hoy ustedes comerán conmigo. Mañana temprano te dejaré partir y responderé a todo lo que te preocupa.
Samuel tomó el frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y dijo: "¡El Señor te ha ungido como jefe de su herencia!
Salmo 21(20),2-3.4-5.6-7.
Señor, el rey se regocija por tu fuerza,
¡y cuánto se alegra por tu victoria!
Tú has colmado los deseos de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.
Porque te anticipas a bendecirlo con el éxito
y pones en su cabeza una corona de oro puro.
Te pidió larga vida y se la diste:
días que se prolongan para siempre.
Su gloria se acrecentó por tu triunfo,
tú lo revistes de esplendor y majestad;
le concedes incesantes bendiciones,
lo colmas de alegría en tu presencia.
Evangelio según San Marcos 2,13-17.
Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían.
Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: "¿Por qué come con publicanos y pecadores?".
Jesús, que había oído, les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por : San Alfonso María de Ligorio
«El hombre se levantó y lo siguió»